
El miércoles cuando nos sentamos frente al televisor prestos a ver el partido ya sabíamos que ganando, el viaje a Sudáfrica estaba asegurado (la siguen mamando), el empate nos aseguraba jugar una reválida contra el cuarto clasificado de la Concacaf, y aún perdiendo, si Ecuador no le ganaba a Chile, también teníamos la chance de esa reválida que nos posibilitara hacer de Junio 2010 el mes en que todo Argentino (hombre o mujer, sepa o no, le guste o no, maradoniano o no, peronista o gorila) hable de fútbol.
La cuestión es que argentina ganó, mejoró algo respecto de partidos anteriores, mostró a un interesante Di María por la izquierda, un incansable Jonás en los últimos y claves veinte minutos, demostró que los que piensan siempre tienen que estar (hoy la bruja, pelea con Román mediante, es inamovible), por momentos (escasos) trató bien la pelota, encontró “el” arquero (¡gigante Romero! diría mi amigo el negro) y de esta forma se metió de vuelta en esa catarata de preguntas que nos invaden y molestan cada cuatro años (del tipo: ¿me explicas el orsay?, ¿el arquero puede hacer un gol?, ¿Por qué no juega Batistuta?).
En lo que yo quiero detenerme es en ese potencial cuarto clasificado de la Concacaf, el rival de Uruguay para dirimir cual es el último equipo americano en obtener el pasaje a Sudáfrica.
Ese lugar iba estar ocupado por Honduras o por Costa Rica, quienes llegaban al partido definitorio con 13 y 15 puntos respectivamente, la diferencia de goles, imposibilitaba que Costa Rica ingresara directamente a Sudáfrica consiguiendo solo un punto.
Honduras hizo lo suyo al derrotar, como visitante, uno a cero a El Salvador.
Costa Rica, por su parte, debía visitar al poderoso Estados Unidos (militarmente hablando). El transcurso del juego encontró a los Ticos con una ventaja de dos goles (producto de los tantos anotados por Bryan Ruiz a los 21 y a los 24 minutos de juego).
Esta ventaja no pudo ser sostenida por el conjunto caribeño, el cual vio frustradas sus chances de conseguir el pasaje directo a Sudáfrica cuando, primero Michael Bradley a los 74 minutos y luego Jonathan Bornstein a los 95 sellaran el 2 a 2 definitivo.
De esta forma, Honduras viaja directo y Costa Rica dirime sus chances con Uruguay.
El pueblo hondureño está viviendo su hora mas negra, con detenciones, torturas, asesinatos, estado de sitio, y demás violaciones a las libertades civiles y a la vida misma, esto maquinado por unas cuantas familias que usurparon el poder junto con el ejercito, no sin el apoyo de la Corte Suprema de Justicia, la iglesia, y como no podía ser de otra manera, los Estados Unidos (comentario al margen: ¿quién no siente que el Nobel de la Paz a Obama es una sarcástica burla a la humanidad toda?).
Que sea la selección de fútbol del poderoso país del norte la que le da el pasaje directo a Honduras, permitiendo de esta forma desviar el foco de atención de la grave situación que se vive en el país centroamericano, no deja de llamarme la atención y despertar mi mas profunda desconfianza hacia los inventores de la Coca-Cola.
En sintonía con estos hechos, que pueden trazar un paralelo con la triste realidad que le toca vivir al pueblo hondureño, el jugador Amado Guevara, capitán de la selección de fútbol le regaló su casaca autografiada a Manuel Zelaya, (a través de su madre Flor, quién milita en el Frente de Resistencia contra el golpe) el presidente que ese pueblo había elegido para conducir políticamente a su país.
Una muestra más de cómo el fútbol, a veces queriendo, a veces no, nos pinta con goles, festejos y casacas, metáforas de lo que los poderos intentan imponer con sangre, balas, golpes de estado y… goles.
La cuestión es que argentina ganó, mejoró algo respecto de partidos anteriores, mostró a un interesante Di María por la izquierda, un incansable Jonás en los últimos y claves veinte minutos, demostró que los que piensan siempre tienen que estar (hoy la bruja, pelea con Román mediante, es inamovible), por momentos (escasos) trató bien la pelota, encontró “el” arquero (¡gigante Romero! diría mi amigo el negro) y de esta forma se metió de vuelta en esa catarata de preguntas que nos invaden y molestan cada cuatro años (del tipo: ¿me explicas el orsay?, ¿el arquero puede hacer un gol?, ¿Por qué no juega Batistuta?).
En lo que yo quiero detenerme es en ese potencial cuarto clasificado de la Concacaf, el rival de Uruguay para dirimir cual es el último equipo americano en obtener el pasaje a Sudáfrica.
Ese lugar iba estar ocupado por Honduras o por Costa Rica, quienes llegaban al partido definitorio con 13 y 15 puntos respectivamente, la diferencia de goles, imposibilitaba que Costa Rica ingresara directamente a Sudáfrica consiguiendo solo un punto.
Honduras hizo lo suyo al derrotar, como visitante, uno a cero a El Salvador.
Costa Rica, por su parte, debía visitar al poderoso Estados Unidos (militarmente hablando). El transcurso del juego encontró a los Ticos con una ventaja de dos goles (producto de los tantos anotados por Bryan Ruiz a los 21 y a los 24 minutos de juego).
Esta ventaja no pudo ser sostenida por el conjunto caribeño, el cual vio frustradas sus chances de conseguir el pasaje directo a Sudáfrica cuando, primero Michael Bradley a los 74 minutos y luego Jonathan Bornstein a los 95 sellaran el 2 a 2 definitivo.
De esta forma, Honduras viaja directo y Costa Rica dirime sus chances con Uruguay.
El pueblo hondureño está viviendo su hora mas negra, con detenciones, torturas, asesinatos, estado de sitio, y demás violaciones a las libertades civiles y a la vida misma, esto maquinado por unas cuantas familias que usurparon el poder junto con el ejercito, no sin el apoyo de la Corte Suprema de Justicia, la iglesia, y como no podía ser de otra manera, los Estados Unidos (comentario al margen: ¿quién no siente que el Nobel de la Paz a Obama es una sarcástica burla a la humanidad toda?).
Que sea la selección de fútbol del poderoso país del norte la que le da el pasaje directo a Honduras, permitiendo de esta forma desviar el foco de atención de la grave situación que se vive en el país centroamericano, no deja de llamarme la atención y despertar mi mas profunda desconfianza hacia los inventores de la Coca-Cola.
En sintonía con estos hechos, que pueden trazar un paralelo con la triste realidad que le toca vivir al pueblo hondureño, el jugador Amado Guevara, capitán de la selección de fútbol le regaló su casaca autografiada a Manuel Zelaya, (a través de su madre Flor, quién milita en el Frente de Resistencia contra el golpe) el presidente que ese pueblo había elegido para conducir políticamente a su país.
Una muestra más de cómo el fútbol, a veces queriendo, a veces no, nos pinta con goles, festejos y casacas, metáforas de lo que los poderos intentan imponer con sangre, balas, golpes de estado y… goles.


